Duración: 15 días.
Organizado: Agencia www.travelfairindia.com
Moneda: Rupia, 1€ equivale aprox. 100
rupias.
Población: India: 1.454 millones de
habitantes, el país con mayor población del mundo.
Religión: El hinduismo es la religión más seguida en India: el 80% de la
población se considera hindú.
Recorrido del viaje, aproximadamente un 8%, del país.
Nuestro primer viaje como abuelos
Nuestra hija María ya voló del nido, y con David nos han dado el regalo más bonito que unos padres pueden recibir: ¡hacernos abuelos! Desde que llegó nuestra pequeña Bianca, todo tiene un brillo distinto, y ahora volvemos a soñar con descubrir el mundo, pero esta vez de su mano. Os echamos mucho de menos, familia.
Este fue nuestro
primer viaje con un nuevo y precioso título: ¡somos abuelos! Después de
pensarlo bastante, y con la idea clara de pasar el verano junto a nuestra nieta
Bianca, decidimos aprovechar los días de Semana Santa para escaparnos y vivir
una nueva aventura.
Nos acompañaron mi
hijo Manuel, mi cuñado José Ignacio, y nuestro hermano Adolfo con su hijo
Pablo. Esta vez no pudo venir nuestra hermana Mimi por motivos de trabajo… la
echamos muchísimo de menos.
Breve
historia
La India posee una historia milenaria
que se remonta a la civilización del valle del Indo, florecida entre el 3300 y
el 1300 a.C. Posteriormente, durante el período védico (1500-500 a.C.), se
compusieron los textos sagrados del hinduismo y se estableció el sistema de
castas.
Entre los siglos IV y VI d.C., el
Imperio Gupta promovió una era dorada en la cultura, ciencia y arte indios. A
partir del siglo XII, el sultanato de Delhi introdujo el islam en el
subcontinente, seguido por el Imperio mogol (1526-1858), que consolidó una
fusión cultural indo-islámica y dejó monumentos emblemáticos como el Taj Mahal.
En el siglo XVIII, la Compañía Británica
de las Indias Orientales comenzó a ejercer control sobre vastas regiones,
culminando en el Raj británico (1858-1947). Tras décadas de lucha por la
independencia, liderada por figuras como Mahatma Gandhi, la India logró su
emancipación en 1947, dividiéndose en los actuales estados de India y Pakistán.
Moneda:
La moneda oficial de la India es la rupia india, simbolizada como ₹.
Religión principal: El hinduismo es la
religión predominante en la India, profesada por aproximadamente el 80% de la
población.
Número de habitantes: La India es el
país más poblado del mundo, con una población estimada de más de 1.417 millones
de personas.
Miércoles 9/4 - Jueves 10/4: De Sevilla a
Delhi
Como siempre,
apurando hasta el último minuto... Salimos del trabajo y directos a la estación
de Santa Justa para coger el Iryo de las 16:27 rumbo a Madrid. Llegamos sobre
las 19:30, con unos 20 minutos de retraso.
Ya conocíamos bien la
estación de Atocha, así que sin problema nos fuimos al cercanías para coger el
tren al aeropuerto. Una vez allí, facturamos las maletas, pasamos el control de
seguridad y, por fin, nos tomamos nuestra primera cerveza del viaje. Ritual
cumplido.
El vuelo salió
puntual a las 22:45. Después de una noche algo larga, aterrizamos en Doha a eso
de las 6:00 de la mañana, con tiempo justo para un café antes de embarcar de
nuevo hacia Delhi, a las 8:00. Llegamos a la India sobre las 15:00.
En el control de
pasaportes nos comimos una buena cola, más de una hora esperando, pero todo fue
bien: visado, pasaportes… sin problemas.
Nada más salir del
aeropuerto de Delhi, nos estaba esperando nuestro guía, Devesh, con un
cartelito, junto aún collar de flores y una sonrisa. Nos dio la bienvenida en nombre de la agencia Travel
Fair India. La verdad, fue un recibimiento muy cálido.
Íbamos muertos de hambre, así que le pedimos que nos llevara a comer algo. Acabamos en un restaurante llamado Suribachi, donde nos metimos entre pecho y espalda unos platos riquísimos de pollo y pasta, que por cierto, fue el tipo de comida que más repetimos durante el viaje. Salimos a unos 18 € por cabeza, no está nada mal.
Como ya era tarde,
la agencia estaba cerrada, así que nos fuimos directamente al hotel a
descansar. El elegido fue el Best Western Maharani Bagh (4 estrellas
Premium). Muy cómodo y bien ubicado.
Ya en el hotel,
hicimos cuentas y le dimos a Devesh el dinero pendiente. Pero, tengo que
admitirlo: me fui a la cama dándole vueltas a la cabeza… “¿Y si mañana no
aparece?”, “¿Le acabamos de dar todo el dinero y si desaparece?”. En fin… noche
complicada para dormir tranquilo.
Viernes 11/4 – Explorando Delhi
Hoy tocaba descubrir
Delhi, la capital de la India y una de las ciudades más antiguas y vibrantes
del mundo. Nos levantamos temprano, bajamos a desayunar con energía... y sí,
¡allí estaba Devesh esperándonos! Qué alivio después de la noche anterior. Nos subimos
al autobús y arrancamos el tour.
Nos dirigimos hacia
la Ciudad Viena, donde la primera parada, fue en la Mezquita Jama Masjid,
la más grande y antigua de Delhi, construida en el siglo XVII por el emperador
mogol Shah Jahan (el mismo del Taj Mahal). Para entrar, como en casi todos los
templos, hay que descalzarse, y a las mujeres les dan una especie de toga para
cubrirse. El lugar impone, con sus altos minaretes y su inmenso patio abierto.
Tras la visita dimos
un Paseo en Tuk Tuk por el caos ordenado de Chandni Chowk, uno de
los mercados más antiguos y concurridos de Delhi. Calles estrechas, tiendas por
todas partes y cables colgando de los postes como si fueran enredaderas, además
de monos que habitaban de una forma natural. Nos bajamos a junto a la puerta
del Fuerte Rojo.



El Fuerte Rojo,
construido también por Shah Jahan en el siglo XVII. Su nombre viene del color
rojizo de la piedra arenisca con la que está hecho. Fue la residencia principal
de los emperadores mogoles durante más de 200 años y es Patrimonio de la
Humanidad desde 2007. Solo la muralla ya te deja con la boca abierta, la cual
la recorrimos para llegar a nuestro bus.
De ahí fuimos al Raj
Ghat, el lugar donde fue incinerado Mahatma Gandhi tras su asesinato en
1948. Hay una losa negra que marca el lugar exacto y sobre ella una llama
eterna. Sencillo, sobrio y muy emotivo. Un lugar para respirar un poco y
reflexionar.

Antes de llegar a la famosa Puerta de la India, hicimos una parada en el Templo Akshardham, uno de los más impresionantes del país. Es el templo hindú más grande del mundo y fue inaugurado en 2005. Está lleno de detalles, esculturas, columnas y tallados a mano. No permiten hacer fotos y hay que vestir con respeto (hombros cubiertos), pero vale completamente la pena.
Ahora sí, llegamos a la India Gate, un arco monumental de 42 metros construido en honor a los soldados indios que murieron en la Primera Guerra Mundial. Es como el “Arco del Triunfo” de la India, y siempre está lleno de vida, turistas, vendedores, familias… un punto clave de la ciudad.
Ya con hambre, Devesh nos llevó a un restaurante que por fuera no prometía
mucho, pero por dentro era otra cosa. En Cedar Club House nos comimos unas
pizzas y pollo espectaculares, todo con cerveza bien fría. ¡Un descanso más que
merecido! El almuerzo salió por unos 20 € por persona.
Por la tarde visitamos el Templo del Loto, uno de los edificios más
bonitos de Delhi. Tiene forma de flor, con 27 pétalos de mármol blanco. Es un
lugar de culto de la Fe Bahá’í, abierto a personas de todas las religiones.
Está rodeado de jardines preciosos y transmite una paz increíble.


Y para terminar el día, fuimos al Qutub Minar, el alminar de ladrillos
más alto del mundo (¡casi 73 metros!). Forma parte de un complejo que incluye
ruinas de antiguas mezquitas y otras construcciones islámicas. Es una auténtica
maravilla de la arquitectura indo-islámica.




Con la boca abierta (y un poco de agujetas visuales de tantas maravillas), volvimos al hotel para una buena ducha y la cena, que estaba incluida. El hotel, por cierto, muy cómodo. Cerramos el día agotado pero encantados.
Día 03 – 12/04 | De Delhi a Agra (220 km
/ 4 horas)
Hoy tocaba madrugar.
En el hotel nos prepararon un desayuno tipo picnic para llevar, y sin perder
tiempo, nos subimos directamente a la furgoneta. Nuestro guía, Devesh, nos
propuso dejar la visita al Taj Mahal para mañana a primerísima hora, ya que
habría menos gente. Nos pareció una gran idea, así que aceptamos sin dudar.
La primera parada
del día fue la Tumba de Itimad-ud-Daulah, también conocida como el
"Pequeño Taj". Es un mausoleo de mármol blanco, decorado con
delicadas incrustaciones de piedras semipreciosas, construido entre 1622 y 1628
por la emperatriz Nur Jahan en honor a su padre. Se dice que fue una especie de
boceto del Taj Mahal. Aunque más pequeña, tiene un encanto especial y unos
detalles arquitectónicos increíbles.

Luego fuimos al Fuerte de Agra, una fortaleza de arenisca roja enorme e imponente, que fue residencia de los emperadores mogoles. A diferencia del Fuerte Rojo de Delhi, que era más bien el centro político del imperio, este se siente más como un complejo palaciego. Dentro hay patios, jardines, salas de audiencia…
Las niñas se acercaban a yoli para hacerse fotos, todos ellas con una sonrisa de oreja a oreja y con muchísimo respeto.
Las vistas al Taj Mahal, son magníficas.
Algo que nos llamó mucho la atención: nos contaron que el emperador Shah Jahan —el que mandó construir el Taj Mahal— fue encarcelado aquí por su propio hijo. Lo mantuvieron en una torre del fuerte desde donde podía ver el Taj Mahal a lo lejos, justo donde descansaba su esposa. Una historia tan triste como romántica.
Impresionantes los patios y lo bien cuidado que esta todo.
A la hora de comer,
Devesh nos recomendó el Priya Restaurant. Comimos muy tranquilos, sin
nada picante (¡al fin!), y el precio fue razonable: unos 12 € por persona.
Después del almuerzo, Yoli se pasó por una tienda de ropa y se compró una tela
preciosa. Ya tenía en mente hacerse un vestido para Bianca y otro para ella.
Para cerrar el día,
fuimos directos al Hotel Agra Mercure. ¡Una pasada! Tiene una piscina
con vistas directas al Taj Mahal que parecen sacadas de una postal. Un cierre
perfecto para un día lleno de historia, arquitectura y emoción.


Esta noche decidimos descansar, y aprovechar
el magnifico buffet del hotel, había de todo y buenísimo. Mañana nos quedaba la visita a una de las 7 maravillas
del mundo y teníamos que ir con los ojos como platos para observar cada detalle.
Día 04 – 13/04: De Agra a Jaipur (240 km
/ 5-6 horas)
Otro día más madrugando, esta vez con la ilusión de ver el Taj Mahal al amanecer. Nos sorprendió que no había mucha gente en la cola para entrar. Estábamos nerviosos y emocionados, como si fuéramos a conocer a una celebridad.
Y es que no es para
menos: el Taj Mahal, una de las Siete Maravillas del Mundo, es
impresionante. Este mausoleo de mármol blanco fue construido en el siglo XVII
por el emperador Shah Jahan en honor a su esposa favorita, Mumtaz
Mahal. Es el mayor símbolo del amor eterno, y verlo en persona, con esa luz
suave de la mañana… nos dejó sin palabras.
Después de la visita,
volvimos al hotel y nos dimos un buen homenaje con el desayuno. La verdad, ¡un
10 para el hotel!
Ya en carretera, hicimos una parada en Fatehpur Sikri, una antigua ciudad mogol que fue capital durante unos años, pero acabó siendo abandonada por falta de agua. Está construida en arenisca roja y tiene palacios y patios enormes. De hecho, está considerada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El lugar tiene un aire muy especial, como de ciudad fantasma elegante.


Más tarde seguimos
camino hacia Jaipur. Al llegar, hicimos el check-in en el Hotel
Sunday. Ya nos habían avisado desde la agencia que en esta zona muchos
hoteles están a tope, sobre todo porque la gente celebra cumpleaños allí y
reservan para toda la familia.
Jaipur, conocida
como la Ciudad Rosa por el color de sus edificios en la parte vieja, es
la capital del estado de Rajastán, famosa por su mezcla de arquitectura rajput
y mogol. ¡Tiene un aire único!
Por la noche quisimos salir a dar una vuelta y conocer un poco la ciudad. Paramos un tuc-tuc para que nos llevara al Jal Mahal (el Palacio del Agua), un edificio precioso situado justo en el centro del lago Man Sagar. Aunque no se puede entrar, la vista desde la orilla es muy bonita, sobre todo al atardecer. Nos dijeron que estaba como a unos 45 minutos y nos pidieron 10 rupias (más o menos 1€) por el trayecto. Íbamos 4 personas.
Pero a los 15
minutos de trayecto, el conductor paró y nos pidió 7 rupias más. Aceptamos, con
la condición de que nos llevara hasta el destino. A partir de ahí… el viaje se
volvió una auténtica aventura (o pesadilla): empezó a meterse por calles
súper estrechas, a toda velocidad, y el trayecto acabó durando más de una
hora. La verdad, pasamos un mal rato.
Ya en el lago, dimos una vuelta por el paseo, donde había puestecitos con todo tipo de cosas. La vuelta la hicimos también en tuc-tuc, pero esta vez por calles más amplias, menos locas.
Por el camino pudimos ver el Hawa Mahal, o Palacio de los Vientos, iluminado por la noche. ¡Una auténtica pasada! Esta fachada es uno de los iconos de Jaipur, con cientos de ventanitas desde donde las mujeres del palacio miraban la calle sin ser vistas. De noche, parecía sacado de un cuento.
Para cenar, el
restaurante era tipo buffet, pero casi todo picaba muchísimo, así que pedimos
si nos podían hacer algo de pasta y pollo sin picante, y nos lo
prepararon sin problema. Un buen final para un día largo pero muy intenso. Tremendo la belleza de lo vivido hoy.
Día 05 14/04 turismo en Jaipur
Después de un buen desayuno, arrancamos la jornada visitando el Fuerte Amber. ¡Menuda experiencia subir en elefante por la empinada cuesta hasta la entrada! Este imponente fuerte, hecho de arenisca roja y mármol blanco, guarda en su interior un palacio lleno de rincones para perderse.
Durante la subida a la fortaleza nos cayó encima un ejército de vendedores de alfombras. ¡Juraría que se reproducían en cada esquina! Por más que decíamos que no queríamos nada, más barato nos lo dejaban. La persecución llegó hasta la última rampa, y ya con el cerebro derretido de tanto “special price, my friend”, le terminamos soltando 1.000 rupias (unos 10€). ¿El tesoro? Una “alfombra” realizada con trozos de telas a modo de patchwork, con un elefantito centrado pintado. Todos quedamos tan felices como si hubiéramos ganado una subasta de Sotheby’s… teniendo en cuenta que la puja original empezó en 10.000 rupias (unos 100€).





De ahí nos fuimos al Palacio de la Ciudad,
Después tocó el Jantar Mantar, un conjunto de 19 monumentos astronómicos construidos en el siglo XVIII por el maharajá Jai Singh II. Cada estructura tiene una función: medir el tiempo, predecir eclipses, seguir la trayectoria de las estrellas o indicar la posición de planetas.
El más impresionante es el enorme Samrat Yantra, un reloj de sol que marca la hora con una precisión asombrosa. La sensación de caminar entre estos gigantes de piedra y pensar que fueron creados hace más de 300 años para leer el cielo es simplemente fascinante.

y luego al famosísimo Palacio de los Vientos (Hawa Mahal), en tuc tuc.
Quizá el edificio más icónico de Jaipur. Su fachada rosa, está salpicada de casi un millar de ventanitas y celosías. Desde ellas, las damas de la corte podían observar la vida y las procesiones en la calle sin ser vistas. El aire que pasa por esas aberturas refresca el interior, de ahí su nombre. Por la noche es un espectaculo.
Pasear por las calles rosas que lo rodean y verlo aparecer al final de la calle es de esos momentos que se te quedan grabados. Aprovechamos también para realizar algunas compras.
Para comer nos llevo nuestro guía Devesh, aún restaurante llamado Heritage Cuisine, comimos muy bien y tranquilo, por supuesto sin salirnos de nuestro menu.
Sin parar, nuevamente cogimos un Tuc Tuc, para dirigirnos al Museo Albert Hall, otra pasada de edificio.
El Museo Albert Hall, el más antiguo de Rajastán, un edificio de estilo indo-sarraceno que por fuera parece un palacio. Dentro guarda una colección ecléctica: esculturas antiguas, tapices, miniaturas pintadas con detalle, armas, e incluso una momia egipcia que es una de las joyas más curiosas del museo.

Ya de noche, nos perdimos por los mercados coloridos de la ciudad… y claro, cayó algún regalito para nuestra nieta. El museo de noche también era una locura.

Es curioso, ver la iluminación de las carreteras con las luces con los colores de la bandera de la India.
Cerramos el día con
cena en el hotel, en medio de otra fiesta de cumpleaños. Pedimos que nos
prepararan la comida sin picante y, sobre la marcha, nos la hicieron. ¡Todo un
detalle!.
Increíble todo lo vivido hoy: el Fuerte
Amber, el Palacio de los Vientos, el casco antiguo, el museo… ¡madre mía!
Después de ver el Taj Mahal pensábamos que ya lo habíamos visto todo, pero cada
día la India nos sorprende más. Ya estamos deseando que llegue el próximo.
Día 06 – 15/04 Jaipur → Bikaner (335 km
/ 7 horas)
Hoy tocó día de
carretera, de esos que sirven para avanzar kilómetros y dejar que el paisaje te
cuente otras historias. El plan era llegar a Bikaner, puerta previa antes de
lanzarnos hacia Jaisalmer.
Después de desayunar, pusimos rumbo directo, paramos en el hotel The Ganga Resort. para realizar el check-in, y del tiron para el Fuerte Junagarh, aunque antes hicimos una parada estratégica en el restaurante Los Gallops, que está justo al lado de la entrada. La comida estuvo bien, y a un precio más que razonable: 7 € por cabeza.
Y ahora sí: Fuerte
Junagarh. Lo curioso de este fuerte es que rompe con el estilo de Rajastán:
no está en lo alto de una colina ni sobre un acantilado, sino en medio de la
ciudad. Fue construido en 1589 por el maharajá Rai Singh, un gobernante que
además de guerrero fue un gran diplomático y arquitecto en potencia. El fuerte
resistió el paso de los siglos y, sorprendentemente, nunca fue conquistado, así
que sus muros todavía guardan la esencia original.
Dentro se abre un recorrido por varios palacios y estancias que reflejan el gusto refinado de la realeza
Anup Mahal: la sala del trono, todo un derroche de dorados, intrincados frescos y paneles de madera tallada. Es de esos sitios que te hacen pensar que el maharajá no era precisamente minimalista.


Bijai Phool Mahal: más pequeño e íntimo, pero con una decoración tan detallada que parece un cofre de joyas hecho habitación.


Karan Mahal: construido para celebrar victorias militares, combina mármol blanco y grandes ventanales que dejan entrar una luz casi teatral.

Después de la
visita, nos fuimos a nuestro alojamiento: The Ganga Resort. Como en
otros hoteles de este viaje, estaba animado con familias celebrando cumpleaños
al estilo indio: música, colores y un ir y venir constante.
La tarde la
dedicamos a descansar en la piscina del hotel. Entre chapuzón y chapuzón, una
familia de las que celebraba nos ofreció pasteles típicos. Pequeños
gestos que te hacen sentir parte de la fiesta, aunque solo estés de paso.
Bikaner → Jaisalmer (320 km / 7 horas)
Después del desayuno
arrancamos rumbo a Jaisalmer, conocida como la tierra
del desierto de la India y, sobre todo, como la “Ciudad
Dorada”, gracias a sus construcciones en piedra arenisca
amarilla que, con la luz del sol, parecen brillar como oro.
El viaje fue largo,
unas siete horas por carretera, pero hicimos una parada en un restaurante del
camino para reponer fuerzas. Ya con la barriga llena, continuamos hasta nuestro
hotel, el SKK
The Fern An Ecotel, que resultó ser una auténtica pasada. En
cuanto hicimos el check-in, fuimos directos a la piscina… ¡y qué piscina! No
pudimos resistirnos a brindar con una cerveza fresquita mientras nos dábamos un
chapuzón.
Tras esa combinación perfecta de agua y siesta reparadora, pedimos un par de tuk-tuks y salimos a conocer el lago Gadisar. Este lago artificial, construido en el siglo XIV por el maharajá Gadsi Singh, fue en su momento la principal fuente de agua de la ciudad. Hoy es un lugar lleno de calma, con templos y ghats a su alrededor, y es ideal para dar un paseo en barca mientras se pone el sol. Y claro, otra cerveza cayó, porque la ocasión lo pedía.




De vuelta al hotel, cenamos allí mismo, como en otras noches del viaje. Y con la emoción de saber que al día siguiente nos esperaba una de las maravillas más impresionantes de Rajasthan, nos fuimos a dormir con una sensación increíble de todo lo vivido.
Día 17/04 – Turismo en Jaisalmer
Nos levantamos con muchísima ilusión, convencidos de que íbamos a disfrutar al máximo visitando una de las fortalezas más grandes de la India y sus famosos havelis.
Mientras recorríamos las murallas ya empezábamos a intuir la maravilla que nos esperaba.
Nada más cruzar el arco de entrada a la fortaleza, nos topamos con el Patwon Ki Haveli, el más famoso. En realidad, no es un solo edificio, sino un complejo de cinco mansiones que Guman Chand Patwa mandó construir a principios del siglo XIX, una para cada uno de sus cinco hijos. Los balcones tallados, los frescos en tonos dorados y rojos, y la piedra arenisca amarilla lo convierten en una auténtica joya arquitectónica.
Seguimos nuestro paseo por el laberinto de callejuelas...
...hasta llegar a la muralla, desde donde disfrutamos de una vista espectacular de la ciudad.
Después entramos en el templo hindú Shri Laxminathji,
y al salir nos detuvimos en una tiendecita de cuadros: no pudimos resistirnos y nos llevamos uno precioso con la cara de una mujer que nos encantó.
Al salir de la fortaleza pusimos rumbo al Nathmal Ki Haveli, es curioso como las vacas se mueven por las calles con total naturalidad.

Nos paramos en unos puestos de verduras en plena calle, muy pintorescos.
El recorrido hasta llegar allí fue toda una experiencia, edificios, colorido...
y el Nathmal Ki Haveli, simplemente impresionante. Fue diseñado por dos hermanos artesanos que trabajaron cada uno en un ala, creando una simetría imperfecta pero muy curiosa. En la entrada destacan dos elefantes esculpidos y, dentro, detalles tan sorprendentes como bicicletas o locomotoras talladas en la piedra. Ahora funciona como casa de souvenirs, pero recorrerlo por dentro fue una auténtica pasada.

La siguiente parada fue el Salim Singh Ki Haveli, conocido también como Jahaz Mahal (el palacio-barco), porque su fachada recuerda la proa de un navío. Sus balcones, las cúpulas azules en forma de pavo real y su estilo tan particular lo hacen único.




Llegamos hasta la cubierta para ver una nueva vista de la fortaleza.
Después de tanto patear, tocaba descanso. Volvimos al hotel, nos refrescamos en la piscina y repusimos fuerzas con unos sándwiches que nos prepararon.
Y ya con las pilas cargadas, nos esperaba la aventura más especial del día: la excursión en camello al desierto de Thar, el único gran desierto de la India, que se extiende hasta la frontera con Pakistán.




El paseo en camello fue mágico, con esas dunas infinitas y la sensación de estar en medio de otro mundo. La puesta de Sol, fue inigualable.
Al caer la tarde asistimos a un espectáculo de danzas típicas y, después, disfrutamos de una cena buffet bajo las estrellas.
Finalmente, regresamos al hotel, cansados pero felices, listos para recargar energías para el día siguiente.
Día 18/04 Jaisalmer-Jodhpur: 270 km / 5-6 horas
Tras el
magnífico desayuno, volvimos a la carretera dirección a Jodhpur, conocida como
la Ciudad del Sol o la “Ciudad Azul”, por ese mar de casas pintadas de azul en
la parte antigua, que la hacen inconfundible desde cualquier mirador.
Nuestra
primera parada fue en los Jardines de Mandore, un lugar muy agradable
para pasear. Es como un gran parque lleno de vegetación, ardillas y sobre todo
monos correteando a sus anchas, que parecen los auténticos dueños del sitio. Lo
más llamativo son los cenotafios, una especie de templos con forma de
pabellones construidos en arenisca roja, que servían de memorial para los
antiguos gobernantes de Jodhpur. Tienen un aire muy majestuoso, con esas
cúpulas y columnas que sobresalen entre los árboles, dando la sensación de
estar en un lugar casi mágico.

Después nos
dirigimos al mausoleo Jaswant Thada, que parece sacado de un cuento.
Está levantado en mármol blanco y con el sol brilla de una manera especial. Lo
llaman el “Taj Mahal de Jodhpur” y no es para menos: tiene un acabado muy
delicado y detalles preciosos. Además, el sitio está junto a un pequeño lago
que lo convierte en un rincón súper tranquilo. Dentro hay cenotafios, paneles
tallados y hasta una escultura de un pavo real, símbolo de la realeza india.



Y de ahí, sin más paradas, fuimos al plato fuerte del día: el Fuerte Mehrangarh. La subida se hace notar, pero cada paso merece la pena porque cuando llegas arriba te encuentras con una de las fortalezas más impresionantes de toda la India.

Es gigantesca, imponente y está muy bien conservada. Nada más entrar, nos encontramos con dos hombres que nos pusieron el típico turbante rajastaní, lo cual fue un momento muy divertido y fotogénico.



Dentro
visitamos varias salas que son auténticas joyas:
- El Moti Mahal (Palacio
de la Perla), con sus techos altos y coloridos.
- El Phool Mahal (Palacio
de las Flores), que era como la sala de fiestas de la realeza, decorado
con dorados y detalles elegantes.
- El Sheesh Mahal (Palacio
de los Espejos), donde las paredes reflejan la luz como si fueran un cielo
estrellado.
- La Howdah Gallery, donde
se exhiben los antiguos asientos de elefantes que utilizaban los
maharajás.
- Y el Shringar Chowk, el
primer patio del palacio, que impresiona nada más entrar por su amplitud.
Entre visita
y visita, hicimos una pausa en un patio para tomarnos un refresco que supo a
gloria con el calor que hacía.
La bajada fue más suave, jejejeje. Betis siempre presente.
Después de
tanta historia y caminata, nos fuimos al hotel, Zone by The Park, para
descansar un rato. Pero la curiosidad pudo más, y salimos de nuevo a explorar
la ciudad. Cogimos un tuc tuc hasta la Torre del Reloj, que es el centro
neurálgico de Jodhpur, rodeada por un mercado bullicioso lleno de especias,
tejidos, artesanía y ese caos ordenado tan típico de la India. Alguno por poco lo coge una vaca, jajajaja
Terminamos
el día en el restaurante Indique, con unas vistas de ensueño hacia el
fuerte iluminado. Nos tomamos unas cervezas bien frías y patatas fritas, pero
con esas vistas parecía un banquete de lujo. 10 cervezas y dos raciones por
35€... un lujo barato que recordaremos seguro. La vuelta la hicimos en tuc tuc,
riéndonos todavía de las peripecias del conductor entre el tráfico nocturno de
la ciudad.
Cenamos y a
la cama, porque el día había sido intenso y lleno de emociones.
Día 19/04 Jodhpur -
Udaipur: 250 km / 6 horas
Tras el día intenso de ayer, hoy tocaba el último desplazamiento en nuestro bus de 9 plazas, que nos llevaría a Udaipur. En ruta paramos para ver el Templo de Ranakpur, situado en plena cordillera Aravalli. El sitio es una pasada: un templo jainista levantado enterito en mármol blanco, con más de 1.400 columnas y lo más curioso es que ninguna es igual a otra.
Vayas por donde vayas, siempre te encuentras con algún detalle distinto: una figura, un grabado, una filigrana… Es de esos lugares en los que no sabes dónde mirar porque todo está trabajado con una delicadeza tremenda.



Y entre tanta maravilla, nos llamó especialmente la atención una figura
de mármol con un gran pene. Al principio nos quedamos un poco
descolocados, porque no esperábamos ver algo así en un templo tan solemne, pero
luego supimos que era un yaksha, una especie de
espíritu protector, y que en realidad ese detalle simboliza fertilidad y poder.
Vamos, que para los locales no tiene nada que ver con lo erótico, pero para
nosotros fue imposible no soltar unas risas.
Además,
nos contaron la curiosa tradición de un elefante de mármol
que hay en el templo: dicen que, si pasas por debajo, te traerá suerte. Y
claro, alguno del grupo no dudó en probarlo, por si acaso. Nunca viene mal un
empujoncito de buena fortuna en el viaje.
Una
vez terminada la visita, paramos en el restaurante Manolo. Sí,
sí… ¡Manolo! ¿Quién iba a imaginar encontrarse en medio de la India un
restaurante con ese nombre tan español? La comida muy rica y encima por 7 € por
persona. El único, pero: la cerveza, que estaba caliente.
Al
llegar a Udaipur tuvimos el único lío del viaje: la reserva que la agencia
había hecho era para otro hotel distinto al que teníamos confirmado. Después de
una discusión bastante subida de tono, aceptamos quedarnos en ese hotel. A
cambio, la agencia se comprometió a ponernos vehículo para movernos al centro
de Udaipur y volver antes de las 22:00, que era cuando cerraban el buffet del
hotel.
Hecho
el check-in, dejamos las cosas y fuimos directos a la piscina. Como ya
comentamos en días anteriores, aquí en la India parece ser habitual que las
familias con buen nivel económico celebren los cumpleaños en hoteles, y justo
pillamos uno de esos festejos, con música y ambiente animado.
Tras el chapuzón y una ducha, decidimos ir a conocer el Lago Fateh Sagar. Es un lago artificial enorme, rodeado de montañas y con varias islas en medio. Cogimos un barquito y dimos un paseo muy agradable, con las luces de la ciudad reflejándose en el agua.

Udaipur tiene ese aire romántico y elegante que la
hace distinta, de hecho, no es casualidad que la llamen “la Venecia del Este”.
Se nota que es una ciudad más cuidada, con un nivel adquisitivo más alto que en
otros sitios por los que hemos pasado.
Para
terminar, vimos el restaurante el 1559 cerca del lago y nos sentamos a tomar una
cerveza para disfrutar de la noche. Decidimos que mañana cenaríamos aquí. Sobre las 21:30 nos recogieron para
regresar al hotel y cenar. Y como siempre, el menú de viaje: pasta y pollo.
Después de un día largo y completo, tocaba el descanso de los guerreros.
Día 20/04 Visita
turística de Udaipur
Tras
el desayuno, que la verdad dejaba bastante que desear (ya a esas alturas del
viaje echábamos de menos un buen café con tostada), nos dirigimos al lago
Pichola. Allí embarcamos en una barca y, nada más alejarnos un
poco de la orilla, apareció ante nosotros la silueta del City
Palace, enorme y majestuoso, dominando toda la ciudad. Desde el
agua se aprecia su tamaño real: parece más una ciudad dentro de la ciudad que
un solo palacio.
La barca fue bordeando el lago, vimos como las mujeres lavaban sus ropas y nos acercamos a las islas que hay en medio.
Una de ellas está ocupada por el Lake Palace, hoy convertido en hotel de super lujo.
Bajamos, en la isla Jagmandir
Island Palace. Este lugar es un auténtico escenario de película:
jardines cuidados, patios abiertos y vistas de ensueño hacia el lago. Nos
enteramos de que estaba alquilado para una boda y nos quedamos con la boca
abierta con el montaje. Decoración floral por todos lados, luces, alfombras…
parecía una producción de Bollywood. Preguntamos cuánto cuesta casarse allí,
pero nadie supo (o quiso) darnos cifras. Viendo el despliegue, seguro que
hablamos de una auténtica fortuna.

Después
del paseo en barca, nos dirigimos al City Palace. Otro
edificio increíble. Lo bonito es que no es solo un palacio, sino un complejo de
patios, salones y terrazas que se van enlazando uno con otro. Cada rincón tiene
detalles: mosaicos de colores, espejos incrustados en las paredes, techos
pintados con motivos florales… hasta las puertas son pequeñas obras de arte. Se
nota que aquí los maharajás no escatimaron en lujo. Desde las terrazas, las
vistas sobre el lago Pichola son de postal.





Ya con
hambre, Devesh nos llevó al restaurante Jhumar,
situado frente al lago Fateh Sagar. El sitio fresquito y con vistas, y la
comida muy rica, bastante mejor que lo habitual. Pagamos unos 10 € por persona
y salimos encantados.
Por la
tarde, tocaba visita a los jardines Sahelion-ki-Bari.
Nada más entrar, Yoli y yo decidimos hacer lo que solemos en muchos países:
vestirnos con la ropa típica del lugar. Fue la risa. Yo mismo terminé
rebautizado como el Sandokán de Triana 😂. Entre risas y fotos,
recorrimos estos jardines súper cuidados, con fuentes espectaculares que
funcionaban con un sistema hidráulico antiguo, sin bombas modernas. La
sensación de frescor en pleno calor de Rajasthan era una maravilla.

La gente, como en casi toda la India, se nos acercaba pidiendo fotos. Nos
paramos unas cuantas veces, y la verdad es que ya nos lo tomábamos con humor,
como si fuéramos pequeñas celebridades del barrio.
Al terminar, regresamos al hotel a descansar un rato, porque teníamos reservada la cena a las 21:30 en el restaurante 1559. La cena fue espectacular, un auténtico broche de oro para cerrar el viaje. Mañana tocaba volver a Delhi, y ya empezábamos a sentir ese sabor agridulce de que lo bueno se estaba acabando.

Día 21/04 Udaipur - Delhi
El Triángulo
Dorado con Rajasthan City Tours llegaba a su fin. Después del desayuno, nos
llevaron al aeropuerto para tomar el vuelo de Udaipur a Delhi. Volamos con
IndiGo a las 12:00 y en poco más de una hora ya estábamos en la capital. Todo
perfecto con el equipaje, ya que sumaron el peso de todas las maletas y lo
dividieron entre las seis personas del grupo. ¡Menudo alivio!
De vuelta en
el mismo hotel de nuestra llegada, hicimos el check-in, almorzamos algo y
descansamos un rato. Por la noche, Adolfo, Manuel y yo decidimos exprimir las
últimas horas en Delhi y nos lanzamos a la aventura en tuc tuc, más de media
hora de trayecto para llegar a un mercadillo recomendado. Allí gastamos las
pocas rupias que nos quedaban en recuerdos y alguna que otra ganga. Para
rematar, terminamos en el Hard Rock, brindando con unas birras y picando
unas patatas, como para cerrar el círculo con un guiño occidental. De vuelta al
hotel, cena tranquila y a dormir.
Día 22/04 Delhi – Doha – Madrid
El madrugón
no podía faltar: a las 6:30 ya nos recogían para ir al aeropuerto. El vuelo
salía a las 10:25 rumbo a Doha. Todo en hora, llegada a las 12:00 y conexión a
las 15:00 con destino a Madrid. Tras tantas horas en aeropuertos y aviones,
aterrizamos sobre las 21:00 en Barajas.
De allí,
taxi directo al Hostal Fernández Atocha, a tiro de piedra de la
estación, porque ya teníamos billetes para el primer Iryo de la mañana. El
viaje estaba casi terminado, pero ya se notaba el cansancio mezclado con la
satisfacción de haber exprimido cada día.
Día 23/04 Madrid – Sevilla
A las 06:50
estábamos montados en el Iryo rumbo a Sevilla, llegando a las 9:30. Allí nos
esperaba Servando, que se convirtió en el último eslabón de esta cadena
viajera: recogió a Yoli y la llevó a la Plaza Nueva, a mí a Sevilla Este y dejó
a Manuel en casa con todas las maletas. Vamos, que el aterrizaje a la rutina
fue exprés. Esto sí que son unas vacaciones bien aprovechadas.
Despedida
Nos quedamos
con los recuerdos grabados: la majestuosidad de los mausoleos, las fortalezas
que parecen salidas de un cuento, los palacios llenos de espejos y
mosaicos, y esa mezcla de caos y espiritualidad que define a la India. Un
país inmenso, mágico, que sorprende a cada paso y que, a pesar de haber visto
solo un 8%, nos dejó la sensación de haber vivido algo muy grande.
Hubo templos
de mármol que parecían imposibles, paseos en barco frente a palacios flotantes,
jardines llenos de fuentes, comidas de todo tipo, algún que otro lío con
hoteles, risas disfrazados de locales, fotos con desconocidos, tuc tucs
esquivando coches… En definitiva, una experiencia que no olvidaremos jamás.
India nos
recibió con los brazos abiertos, nos sacudió con su intensidad y nos devolvió a
casa cargados de anécdotas, fotos y momentos únicos.
Y como todo
cuento viajero…
Colorín colorado este viaje se acabado, teniendo más ganas de empezar a planear el siguiente.






























































































































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